Editorial | 01/07/2023
No era boy scout: Mientras los enajenadores hacían lo suyo, el kia sin tomar vacaciones, a unos metros de su casa, comenzaba cada fin de semana a tejer su futuro laboral. Entre juegos y pileta.
No era boy scout: Mientras los enajenadores hacían lo suyo, el kia sin tomar vacaciones, a unos metros de su casa, comenzaba cada fin de semana a tejer su futuro laboral. Entre juegos y pileta.
Todo arrancaría en el lejano 1973 cuando una noticia del centenario matutino publicara la entrada a escena de una institución que dedicaría sus mejores esfuerzos para fomentar y difundir el deporte recreacional. Entonces fui por el aviso…
En sus comienzos todo fue un canto épico de jóvenes profesionales de la actividad física, cada uno de ellos aportaba sus propios elementos deportivos, desde pelotas de vóley a bates y guantes de softbol… ¿Oficinas?... Buee en esos días los sanitarios de ‘Changolandia’ -Parque Aguirre-, oficiaban de ello.
Hasta que llegó el Día D, cual era firmar un convenio por cinco años para poner en valor las instalaciones de ‘La Bancaria’ y desarrollar allí las actividades administrativas/recreativas de la naciente institución. Que en sus días de gloria llegó albergar un millar de niños y jóvenes en sus colonias de vacaciones. Generando un sinnúmero de puestos de trabajo…
Lo genial era que se podía en el verano hacer natación, en la pileta de 25x12, con el bonus de dos pequeñas para los niños. El deseo de tener una techada calefaccionada era el sueño dorado de aquellos días…
Hasta que luego de varios cambios de sedes, Escuela Industrial Santiago Maradona, Escuela Normal Banda, hace su entrada en escena el Club Ciclista Olímpico de La Banda y el regreso a la pileta…
Con ello la vuelta de Colonias ‘con natación’, recreativa y con las nociones básicas hasta que llegaron las primeras charlas de confraternizar con el Santiago Lawn Tennis Club, SLTC, para realizar torneos inter colonias los fines de semana, -enero y febrero-, del verano santiagueño.
Siempre para que una idea loca funcione debe de contar con otro no menos soñador para que te escuche y se motorice, siempre estaré agradecido al Prof. Carlos Figueroa, quien era en esos días presidente de la Sub Comisión de la disciplina en la entidad del Parque Aguirre.
No se paró hasta crear la Asociación Santiagueña de Natación, -ASaNa-, con los clubes fundadores, además del local, SLTC, y el CEF 17, Olímpico, Sirio Libanés de Santiago del Estero y COINOR de Frías entre otros. Luego con el correr del tiempo muto a Federación Santiagueña de Deportes Acuáticos.
Más una vez producida y coincidente mi salida del CEF, -1984-, dejaron sin efecto los torneos veraniegos de colonias, entre otras porque el nivel había crecido y se buscaba nadadores de alta competencia, muchos de ellos con récords zonales. Hoy se disfruta de victorias nacionales.
Viendo a la distancia el paso por el CEF 17, tanto como alumno y luego docente a cargo de niños 9 y 10 años, los conocimientos como el régimen laboral me sirvió tras migrar por diferentes establecimientos aceptar el último gran desafío cual era ‘fundar’ un colegio de 0 en Laprida dpto. Choya.
La inquietud nacía del entonces Comisionado local el Sr. Héctor Fernández, quien una mañana, -28 de abril 1991-, haciendo fotocopias en FF Crespo, tras una felicitación por ese nuevo emprendimiento, fui convocado para armar conjuntamente a un pequeño grupo de soñadores, cual era impartir conocimientos, en una comarca que estaba habida de recibirlos en su afán de superación personal y de grupo.
Insisto, nada de lo que pude dejar en la zona hubiera podido ser si no me fogueaba en la excelencia de lo que era en esos días el dar las primeras herramientas deportivas a los niños ‘ochentosos’. La pregunta del millón ¿Estaba preparado para tamaño desafío?…
Que culminaría con la locura mayor el cual era a la primera promoción del Cole, -1995-, llevarlos de viaje de estudio, -autogestionado-, a Brasil… Experiencia que repetimos una y otra vez hasta mi salida en 2006 del ya ‘Mama Antula’, por María Antonia de Paz y Figueroa. Tras ello todo fue cronicar. Pero eso es texto para otra historia.
Luego sin las aulas, ni el patio de juegos. Nada pudo recuperar la alegría o felicidad de verlos crecer y progresar. Algunos de ellos hoy imparten conocimientos o ayudan a llegar a las nuevas generaciones de sus propios colegas de banco…
Con el tiempo gente memoriosa y agradecida, a propósito de los 50 años como institución, quiso distinguirme por el paso por sus playones deportivos. La emoción fue inmensa al volver a estrechar la mano de viejos colegas y darles las gracias, a los actuales, por tamaño gesto.
No era boy scout; entre juegos y pileta, parece que algo hice bien… Solo, espero haber sido digno
A la memoria de Héctor ‘Gallego’ Fernández